En las últimas horas se conoció una noticia que se robó las redes por lo absurda: a Mauro Icardi le suspendieron la licencia de conducir hasta el año 2099. Una sanción que, en el papel, durará más de setenta años. Detrás del meme hay algo que nos habla de todas: de las cosas que manejamos sin registro, de las multas que se acumulan en silencio y de los límites que nadie puso a tiempo.
No vengo a hablar de él ni a repartir culpas. Vengo a leer el lado B, que es lo que hacemos acá cada semana: tomar la noticia y darle vuelta para mirarla hacia adentro.
Pensalo: una sanción que recién termina en 2099 no educa a nadie. Llega tarde, tan tarde que se vuelve un chiste. Y con nosotras pasa algo parecido: acumulamos consecuencias que no nos enseñan nada porque nunca las miramos a tiempo. El cansancio, el cuerpo que avisa, los vínculos que se desgastan, las deudas que se estiran. Todo eso son multas silenciosas que dejamos en el olvido hasta que un día explotan.
El castigo externo no cambia la conducta. Lo que cambia es la conciencia: darte cuenta, registrar, hacerte cargo antes de que llegue la infracción.
Acá aparece la palabra que me interesa: registro. En Argentina le decimos registro al carnet de conducir. Pero registrar también es darse cuenta, anotar, notar lo que pasa. Y hay una pregunta que vale la pena hacerse: ¿hace cuánto manejás tu vida sin el registro al día?
¿Cuántas veces seguís de largo aunque el cuerpo te pide frenar? ¿Cuántas veces dijiste «ya fue» cuando en realidad te estabas lastimando? ¿Sabés qué sentís hoy, o andás en piloto automático de lunes a domingo? Manejar sin registro no es solo un problema de tránsito: es una forma de vivir a los apurones, sin mirar los espejos, sin chequear si la que conduce está en condiciones.
Hay otra lectura, más profunda. Muchas mujeres llegamos a la adultez sin que nadie nos haya habilitado del todo: sin que nos hayan registrado la mirada, la voz, el deseo. Entonces aprendemos a manejarnos como podemos —a veces acelerando de más, a veces quedándonos, a veces pidiendo permiso para existir.
Sacarte el registro interior es darte el permiso que no te dieron: para descansar sin culpa, para decir no, para elegir tu vida aunque a alguien no le guste. No se trata de hacer lo que se te dé la gana, sino de conducir con conciencia, con límites claros y con la libreta al día.
Nadie maneja bien su vida sin un registro interno al día: saber qué sentís, hacia dónde vas y cuándo hay que parar.
La historia de la licencia hasta 2099 va a durar lo que dura un meme: unos días. Pero la pregunta que deja puede durarte más, si te la tomás en serio: ¿qué necesitás registrar de tu vida hoy para no esperar a que llegue un castigo que siempre llega tarde?
No hace falta esperar a chocar. Se puede empezar ahora, en pequeño, con ternura y con método. Como todo aprendizaje, se hace paso a paso.
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