

Los arcanos del tarot representan una imagen exacta de arquetipos que son los modelos según los cuales, se lo quiera o no, se forman, se combinan, se determinan todas las situaciones posibles de este mundo. La totalidad de los arcanos recorre la totalidad de la experiencia humana. Aquellos que te atraen son los que tú reconoces, que te dan seguridad porque ellos corresponden a un modelo que tú has vivido, que has integrado. Aquellos que rechazas son los modelos de situaciones que tú aún no has vivido. La violencia de tu reacción manifiesta simplemente la proximidad de esta situación en tu futuro. Allí también tú reconoces un modelo, pero se trata de un modelo que no has integrado todavía, o que está en camino de ser experimentado – dentro de unas horas o de unos años – o bien uno que tú has rechazado sistemáticamente cada vez que se presentaba. Esto último, debido a una sensibilización particular ligada, ya sea a una herencia genética, sea por causa de un acontecimiento desdichado de antaño, o un bloqueo, o, simplemente, porque se trata de un modelo que todavía no has encontrado.
Por lo tanto, los arcanos que tú prefieres indican lo que conoces de ti mismo; los que rechazas indican lo que no quieres aceptar todavía. Las situaciones que tú desconoces, y que están aún muy alejadas, no despiertan una defensa de tu subconsciente, ninguna reacción violenta, sino una vaga y moderada falta de afinidad con esa carta.
El diagnóstico podrá ser extremadamente fino y preciso, sin conflicto para el consultante, porque en ningún momento éste será crudamente confrontado con su problema fundamental en forma verbalizada. Todo pasa en un nivel simbólico; así el curso de la terapia nunca será muy doloroso. El proceso de maduración en el que el inconsciente entrena al ser – a veces de manera caótica, siempre sometiéndolo a diversas pruebas – será efectuado en las mejores condiciones, pues el trabajo con el tarot permite no suprimir el nudo energético del conflicto, lo que significaría suprimir también la afluencia de la energía, error cometido por la mayoría de los psiquiatras.

No digo que en este diagnóstico la intuición esté de más. Un solo arcano engloba un número infinito de niveles de encarnación del arquetipo, y es preciso elegir el nivel exacto correspondiente a la realidad vivida por el consultante. La terapia le permitirá asimilar el modelo antes o después de la crisis, o fuera de la crisis, y, por consiguiente, ubicar las otras experiencias arquetípicas ya vividas en la estructura general de la que el tarot es el reflejo.
El papel del taroterapeuta deberá entonces limitarse a hacer que el consultante describa la carta lo más exactamente posible – según él la ve – registrar sus reacciones y permitir la objetivación. A menudo, el efecto sobre el consultante es sorprendente. El tarot produce una tal toma de consciencia, una tal comprensión, que el consultante recibe desde el comienzo una sobrecarga de vitalidad y una regulación de la energía espectaculares.
Además, ciertas cartas producen efectos inmediatos de compensación y equilibrio, después de una concentración de algunos minutos de atención al contemplarlas.
Esta terapia origina relaciones extremadamente apacibles y estimulantes entre terapeuta y consultante sin que intervenga dominación, transferencia, etc.
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