El lado B de la adicción: no se trata de la sustancia, se trata del vacío que intenta llenar
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal · · Actualizado el 04/10/2026
El lado B de la adicción: no se trata de la sustancia, se trata del vacío que intenta llenar
Buenos Aires es sede de la Conferencia Internacional sobre Control de Drogas, con delegados de 120 países discutiendo políticas, estadísticas y estrategias de prevención. Y mientras todos hablan de la sustancia, de los narcos y de las fronteras, hay una pregunta que casi nadie hace en voz alta: ¿por qué una persona necesita drogarse? Ese es el lado B, y hoy quiero mirarlo con vos.
Porque detrás de cada cifra hay un ser humano. Y detrás de cada adicción, casi siempre, hay algo mucho más profundo que una debilidad de carácter: hay un vacío que grita pidiendo ser llenado. La sustancia no es el problema. Es la respuesta equivocada a una pregunta legítima.
La adicción como búsqueda espiritual fallida
Carl Jung lo dijo hace casi un siglo: el alcoholismo es «el equivalente, en un nivel bajo, de la sed espiritual de nuestro ser por la totalidad». Lo que Jung vio en el alcohólico aplica a toda adicción: hay en el fondo una sed de trascendencia, de conexión, de sentido. Una sed que no se calma con nada porque no es de este mundo.
La persona adicta no está buscando droga: está buscando salir de sí misma, tocar algo más grande, escapar de un dolor que no sabe nombrar, sentirse viva por un rato. La sustancia le da un atajo: una experiencia de «más allá» instantánea y a bajo precio. El problema es que el atajo no lleva a ningún lado, y la bajada es cada vez más dura.
La adicción es una experiencia mística sin Dios: la búsqueda de lo infinito atrapada en una jeringa, una pastilla o una botella.
El vacío no se llena, se habita
Vivimos en una cultura que nos vende la idea de que el vacío se llena: con cosas, con consumo, con estimulación constante. Pero el vacío existencial no se llena, se habita. No es un error que haya que tapar: es la puerta de entrada a algo más profundo.
Cuando una persona se queda a solas con su vacío sin anestesia, aparece la angustia. Y la angustia es una maestra exigente: te obliga a preguntarte quién sos, qué estás haciendo acá, qué sentido tiene tu vida. La adicción es la huida de esa pregunta. La sanación es animarse a sostenerla.
Qué hay detrás del consumo
- El dolor que no se puede nombrar. Muchas adicciones empiezan como automedicación: angustia, trauma, soledad, desamor. La sustancia anestesia lo que no se puede sentir.
- La falta de pertenencia. El humano necesita sentirse parte de algo. Sin tribu, sin vínculo, sin sentido de comunidad, la droga se vuelve la única compañía que no falla.
- La pérdida de sentido. Cuando la vida no tiene un para qué, cualquier para qué sirve. La droga da un propósito falso: conseguirla, consumirla, repetir.
- La desconexión de uno mismo. La adicción es, sobre todo, una desconexión: del cuerpo, de las emociones, del alma. La sustancia ocupa el lugar de esa conexión perdida.
La salida es una reconexión
Por eso ningún programa de control de drogas va a funcionar de verdad si se limita a perseguir sustancias. La adicción no se cura con prohibiciones: se cura con reconexión. Reconexión con el propio cuerpo, con las propias emociones, con los vínculos, con un sentido más grande que uno mismo.
Esa es la propuesta de la mirada transpersonal: no luchar contra la sustancia, sino sanar el vacío que la convoca. Cuando una persona recupera el sentido de su vida, la droga deja de ser necesaria. No porque le ganes la batalla, sino porque la batalla deja de tener sentido.
Si convivís con una adicción, si alguien que amás está atrapado en una, o si simplemente sentís ese vacío que no se llena con nada, no lo vivas en soledad. Hay un camino de reconexión posible, y no tenés que transitarlo solo. Te espero en el consultorio para mirarlo juntos: /consultorio