Cómo perdonarse a una misma: el perdón que no se pide, se construye

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·

Aprender cómo perdonarse a una misma es una de las tareas más difíciles que existen, y no porque seamos malas personas, sino porque nadie nos enseñó. Nos educaron para pedir perdón, no para dárnoslo. Y así vamos por la vida arrastrando una culpa que ni siquiera nos pertenece del todo.

En más de quince años de trabajo transpersonal acompañé a cientos de mujeres que se castigaban por errores propios y también por errores que no eran suyos. Todas creían lo mismo: que perdonarse era hacerse la tonta, olvidar, o dejar pasar lo imperdonable. Nada más lejos de la verdad.

Qué es realmente perdonarse

Perdonarse no es justificar lo que hiciste. No es decir «no fue tan grave» ni «no pasa nada». Perdonarse es dejar de pagar hoy por algo que ya pasó. Es mirar lo que hiciste, reconocerlo, aprender y soltar la deuda. La culpa tiene una función: avisarte que algo no estaba bien. Cuando ya escuchaste el aviso, sostenerla es puro sufrimiento sin utilidad.

La culpa te avisa una vez. Después te castiga. La diferencia entre las dos es el perdón.

Por qué te cuesta tanto

Ninguna de esas razones resiste un análisis sereno. Pero no se desarman pensando: se desarman sintiendo.

Señales de que estás pagando una deuda que no es tuya

Te cuesta recibir, te sentís en falta todo el tiempo, te disculpás por existir, tenés la sensación de que le debés algo a alguien. Si leíste y sentiste un pinchazo, esa es la culpa hablando.

Pasos concretos para empezar a perdonarte

1. Escribí lo que te reprochás, sin filtro

Sin editar, sin corregir. Sacá la culpa de la cabeza y ponela en papel. Lo que no se nombra, se repite.

2. Separá lo tuyo de lo ajeno

Preguntate: ¿esto lo decidí yo o me lo hicieron creer? Muchas de nuestras culpas son la voz de alguien de la infancia, no la nuestra.

3. Reparate a vos primero

Si lastimaste a alguien, reparar es válido. Pero la reparación empieza por dejar de lastimarte a vos misma cada día con el recuerdo.

4. Elegí una frase y repetila

Algo tan simple como: «Hice lo que pude con lo que sabía. Hoy elijo aprender». El cerebro necesita un nuevo relato para soltar el viejo.

5. Volvé al cuerpo

La culpa vive en el pecho y en el estómago. Respirá hondo, poné la mano donde sentís el peso y date tiempo. No es mágico, es fisiológico.

El perdón también es duelo

Perdonarte implica despedirte de la versión de vos que hizo eso. Duele. A veces más que perdonar a otro. Permitite llorar lo que no fue, lo que no supiste, lo que perdiste. El perdón no niega el dolor: lo atraviesa y sigue caminando.

Perdonarte es un acto de justicia con vos

No sos tu peor jueza. Podés ser tu mejor abogada. Perdonarse a una misma no es un regalo que te hacés de vez en cuando: es la decisión diaria de no seguir pagando dos veces por lo mismo. Empezá hoy, con la culpa más chica. El músculo del perdón también se entrena.

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¿Cargás una culpa que ya no te deja vivir? En mi consultorio te acompaño a mirar de frente eso que te pesa y a soltarlo de verdad. Escribime.

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