«¿Para qué vine al mundo?» Es una de las preguntas que más escucho en el consultorio. No la hacen solo los veinteañeros: la hacen mujeres a los 35, a los 50, a los 65. La pregunta por el propósito no tiene edad, y tampoco se responde una sola vez.
La buena noticia es que el propósito no es un tesoro escondido que hay que descubrir. Es algo que se construye, se elige y se reencuentra muchas veces a lo largo de la vida. La mala noticia es que buscarlo como se busca un objeto —en cursos, en viajes, en otra pareja— suele terminar en frustración.
Desde una mirada transpersonal, el propósito no es una carrera ni un logro. Es la dirección del alma: aquello que cuando lo hacés, el tiempo se detiene y sentís que estás exactamente donde tenés que estar.
No se trata de encontrar «el» trabajo perfecto. Una cosa es tu profesión y otra es tu misión: la primera puede cambiar, la segunda te acompaña. Hay maestras cuyo propósito es sostener a otros, más allá del aula donde trabajen. Hay médicos cuyo propósito es aliviar, no importa en qué hospital.
La sensación de vacío aparece casi siempre en tres momentos:
Ninguno de esos momentos es una falla tuya. Son llamados de transición: la vida pidiéndote que dejes de mirar para afuera y empieces a escuchar para adentro.
«El sentido de la vida no se descubre: se elige, se sostiene y se re-elige cada mañana.»
Viktor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración y padre de la logoterapia, decía que el sentido no se inventa: se responde. La vida te hace preguntas todos los días —¿a quién vas a cuidar hoy? ¿qué vas a crear? ¿qué dolor ajeno te mueve a actuar?— y tu respuesta es tu propósito.
Por eso no esperes la revelación que cambie todo de golpe. Empezá por lo que está delante tuyo: esa conversación que querés tener, ese proyecto que venís posponiendo, esa persona que necesita de lo que solo vos sabés dar.
El propósito de vida rara vez es espectacular. Casi siempre es íntimo: una manera de estar en el mundo que hace que el mundo, al menos para alguien, sea un lugar mejor.
Si sentís que llegó el momento de escuchar tu llamado, te acompaño a encontrarlo. Reservá tu sesión en el consultorio.