Autoexigencia femenina: cómo dejar de exigirte todo el tiempo

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·

Si terminás el día y sentís que no alcanzó, que podrías haber hecho más, que descansar es perder tiempo: no estás sola. La autoexigencia femenina no es un defecto de carácter. Es un mandato que aprendiste a cumplir tan bien que ya no te diste cuenta de que lo estabas cumpliendo. Este artículo es para empezar a bajarlo, sin culpa y sin dejar de ser vos.

Qué es la autoexigencia (y qué no)

Autoexigirse no es lo mismo que tener metas. Tener deseos, proyectos y ganas de crecer está bien, y es sano. La autoexigencia aparece cuando tu valor personal depende de lo que lográs: sos buena si rendís, si tenés todo en orden, si no fallás. Ahí ya no hay ambición, hay una condición para poder quererte.

Se ve en cosas chicas: no podés recibir visitas si la casa no está impecable, te enfermás y seguís trabajando igual, pedís perdón por cosas que no hiciste, y descansar te genera culpa. De a poco la exigencia se vuelve el fondo sobre el que vivís, y ni la registrás.

De dónde viene esta exigencia

Casi nunca es casual. Suele venir de un reconocimiento condicionado: te quisieron «cuando te portabas bien», cuando sacabas buenas notas, cuando no dabas problemas. También de modelos de mujer que podían con todo y nunca se quejaban, y de haber tenido que ser «la fuerte» de la familia demasiado temprano. Con el tiempo, esa voz de afuera se volvió tu voz interna.

Cómo se nota en el cuerpo y en el ánimo

La autoexigencia no vive solo en la cabeza. Se nota en el cuerpo y en cómo te tratás:

Si te suena, no significa que estés rota: significa que llevás mucho tiempo corriendo con una vara imposible.

Cómo empezar a aflojar

No se trata de pasar de exigirte todo a no pedirte nada. Se trata de recuperar una medida propia, más humana y más justa.

No naciste debiendo. Si hoy solo hacés lo mínimo, seguís siendo digna de amor, de descanso y de cuidado.

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