Más allá del síntoma: el reverso invisible de las adicciones
Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·
Hablar de adicciones suele reducirse a tres explicaciones: falta de voluntad, química cerebral, debilidad de carácter.
Las tres tienen algo en común: ponen el problema entero adentro de una sola persona.
Y cuando el problema entero está adentro de alguien, la familia queda tranquila. Todos miran al mismo lugar —el que consume— y nadie mira la escena completa: quién habla, quién calla, quién sostiene, quién se fue, qué no se dice desde hace años.
Ese es el punto de partida de otra mirada.
A nivel cotidiano, aquello que esclaviza —una sustancia, el juego, la pantalla, el trabajo— opera muchas veces como una solución: torpe, cara, desesperada, pero solución al fin.
Es un puente que alguien construyó para poder atravesar un dolor que, de otro modo, no se aguantaba.
Quien transita una adicción no está buscando placer en estado puro. Está buscando anestesiar un vacío. Y un vacío no se llena con fuerza de voluntad, porque la fuerza de voluntad no llena nada: solo aprieta.
Desde la mirada sistémica, ningún síntoma es un error de la naturaleza.
Lo que se repite, lo que se exagera, lo que se calla en una familia busca salir a la luz. Y a veces sale por el único lugar disponible: el cuerpo de uno de los suyos.
Por eso, cuando intentamos combatir una adicción solamente desde la voluntad, chocamos contra una fuerza invisible. No es que la persona no quiera. Es que el síntoma está sosteniendo algo, y mientras eso no se mire, el síntoma no tiene por qué irse.
La salida, entonces, no es la lucha. Es la comprensión.
Mirar lo que quedó afuera del relato. Reconocer la carga que alguien sostiene y que no empezó en él. Y empezar a devolver, con cuidado, lo que no le corresponde.
Eso no se hace con una frase. Se hace con un trabajo.
No voy a dar una explicación única, porque no hay una.
No voy a decir que la adicción "viene de la familia" y listo: eso es cambiar un culpable por otro, y no sirve para nada.
Y no voy a prometer que con una mirada simbólica alguien deja de consumir. No es así, y decirlo sería faltarle el respeto a quien está en tratamiento.
La mirada sistémica no reemplaza a la medicina, ni a la psiquiatría, ni a la psicología, ni a los grupos de acompañamiento. Los acompaña. Hay un cuerpo que necesita atención médica, y eso no se negocia con ninguna lectura simbólica.
Sanar no es arrancar la sombra a fuerza de represión. Es integrarla.
Y la transformación empieza en un instante muy preciso: cuando alguien puede mirar su historia sin juicio, con sus luces y sus sombras, y dejar de pelear con lo que fue.
Ahí no hay magia. Hay un movimiento. Y los movimientos, en una familia, se notan durante generaciones.
Hay preguntas que no se contestan leyendo. Se contestan mirando una familia, en vivo, con otros.
Estas son las que me siguen apareciendo, después de años de escuchar historias:
· ¿El adicto es el chivo expiatorio del sistema? ¿O es el único que se animó a mostrarlo?
· ¿Por qué en algunas familias hay un hermano que "se pierde" y otro que "se salva", y todos aceptan ese reparto como si fuera natural?
· ¿A quién le está siendo leal el que consume, sin saberlo?
· ¿Por qué el alcohol se repite generación tras generación en algunas casas y en otras no?
· ¿Qué pasa cuando el que consume es justamente el que sostiene la casa?
· ¿Por qué cuando uno empieza a mejorar, aparece otro que se hunde?
· ¿Qué se calla en esa familia? ¿Y desde cuándo?
· ¿Qué lugar ocupa el que se enferma —y qué lugar le queda a los que quedan?
· ¿Por qué en la mesa se habla del consumo y nunca de lo otro?
· ¿Y si la adicción estuviera protegiendo a alguien?
Ninguna de estas preguntas se responde con una nota. Se responden cuando se comprenden las dinámicas que las sostienen.
Leer una nota no es comprender.
Se puede leer, reconocerse, emocionarse y quedarse con una idea suelta — porque una idea sola no arma una trama.
Pero comprender sí cambia algo. Cambia la mirada, y la mirada es lo único que después cambia el modo de estar.
Eso es la toma de conciencia: no es juntar información, es correrse de lugar. Es dejar de mirar al que consume como el problema y empezar a ver la trama que lo sostiene. Y cuando eso pasa, algo se mueve en toda la familia —no solo en uno.
La toma de conciencia no llega leyendo rápido ni de a pedazos: necesita el mecanismo completo, con sus partes, y alguien que lo explique de principio a fin.
De eso se trata la clase especial: abierta a todo público, para comprender las dinámicas invisibles que están detrás de las constelaciones y de las adicciones. No hace falta haber hecho ningún taller antes, ni contar tu historia: es una clase para entender.
Y es la última del año: después de esta fecha no se vuelve a abrir hasta el año que viene.
Clase especial de Constelaciones Sistémicas · Adicciones Sábado 7 de noviembre de 2026 · de 10 a 12 hs (Argentina) · U$S 35
▸ Inscripción: https://contenido.terapiasmarcela.com/taller/clase-especial-constelaciones-sistemicas-adicciones
▸ Informes y próximos encuentros: agenda.terapiasmarcela.com
Esta nota es una reflexión simbólica. No constituye diagnóstico ni tratamiento, y no reemplaza la consulta con profesionales de la salud.
Marcela Almazán — Terapeuta Transpersonal Arquitectura de Identidad · Switch On Mujer