A tu madre no se le pide perdón: se la toma

Por Marcela Almazán, terapeuta transpersonal ·

Por qué «perdonar a tu madre» no ordena nada — y qué es lo que sí.

Hay una frase que se repite en todos lados: «tenés que perdonar a tu madre».

Se dice en terapia, se dice en los libros de autoayuda, se dice en las sobremesas. Y suena generosa. Suena madura. Suena a que uno, por fin, suelta.

Y es un error de orden.

Pedirle perdón a tu madre es no tomarla

Cuando le pedís perdón a tu madre —o cuando te piden que se lo pidas— pasa algo que casi nadie nombra: el orden se invierte.

La que dio la vida es ella. La que recibe es vos. Ese es el orden. Y pedirle perdón pone al hijo en el lugar del que tiene que reparar algo, del que tiene que quedar bien, del que tiene que sostener el vínculo.

El hijo no repara a la madre. El hijo toma lo que la madre le dio —y sigue su camino.

Y las consecuencias de invertirlo se sienten: cansancio, culpa, una sensación de deber permanente, relaciones donde siempre estás arreglando lo que otro rompió. Porque el que aprende a reparar a su madre, después repara a todo el mundo.

Lo que se hace en constelaciones

En este trabajo no se pide perdón. Se hace otra cosa, más simple y más difícil a la vez:

No hace falta que ella cambie, ni que entienda, ni que esté de acuerdo. Ni siquiera hace falta que esté viva.

La frase que ordena

No es una frase de perdón. Es una frase de asentimiento:

«Mamá: de vos tomo todo, lo bueno y lo difícil. Me diste la vida, y eso es lo más grande. Lo que no es mío, te lo dejo. Yo hago mi camino.»

Se dice despacio, mirándola —o mirando su foto, o el lugar donde estaba—. Y después se calla. No se espera respuesta. La respuesta no es de ella: es tuya.

Y por qué esto no es «echarle la culpa»

Tomar a la madre no es absolverla ni condenarla. Es dejar de pedirle lo que no pudo dar y dejar de pagar por lo que no te corresponde.

Es lo contrario de la indiferencia: es reconocer lo que hubo, sin quedar atado a ello.

Cuando eso pasa, algo se asienta. No porque la historia cambie, sino porque cada uno vuelve a su lugar.

Y el dinero

Cuando no tomás a tu madre, el dinero se complica. No es magia: es la misma operación.

La vida llega por ella. Y tomar la vida es también aceptar que se puede recibir. El que no puede recibir de la madre, después no puede recibir de nadie: ni amor, ni ayuda, ni plata.

Por eso hay gente que trabaja el doble y no le alcanza. No es falta de esfuerzo: es dificultad para recibir. Y eso, casi siempre, empezó en el primer vínculo.

Cuando se toma a la madre, algo se abre. La mano deja de estar cerrada.

Una última cosa

Si te pasaste años intentando perdonar y no te salía, no era falta de generosidad. Estabas intentando hacer algo que no te tocaba.

No se trata de perdonar. Se trata de tomar.

Lectura simbólica de autoconocimiento. No constituye terapia, diagnóstico ni tratamiento.

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