Estos días, medio mundo está mirando una cuenta regresiva. Taylor Swift anunció su nuevo single —«Patient Zero»—, activó un reloj en su página y millones de personas —los swifties y varias curiosas más— se descubrieron sonriendo de golpe. A mí me pasó algo parecido: una alegría chiquita, casi adolescente, que hacía mucho no me permitía. De eso quiero hablarte hoy: del lado B de volver a ilusionarte.
En el consultorio veo algo que se repite: las mujeres que volvieron a ilusionarse son las que volvieron a vivir. La ilusión funciona como una brújula: te dice qué querés, hacia dónde querés caminar, qué te importa. Cuando esperás algo con ganas, el cuerpo entero se ordena: hay energía, hay plan, hay un horizonte. La anticipación de algo lindo es una de las formas más simples —y más subestimadas— de bienestar.
Porque aprendimos. A fuerza de desilusiones armamos una coraza: «no me ilusiono, así no me decepciono». Y tiene su lógica: cuando esperaste mucho y no llegó, cuando te prometieron y no cumplieron, cuando pusiste el corazón en algo que se cayó, jurás no volver a exponerte.
El problema es que esa coraza no distingue. Apaga la ilusión posible junto con la decepción temida: para no sentir lo feo, dejás de sentir lo lindo. Y la vida se vuelve una lista de pendientes, prolija y apagada.
Hay algo hermoso en los fenómenos como este lanzamiento: por unos días, esperar es socialmente aceptable. Nadie te mira raro por emocionarte con una canción, con un partido, con un final de serie. Lo colectivo crea un permiso para sentir. El detalle es que muchas veces solo nos permitimos ilusionarnos con lo que pasa «afuera» —un recital, una historia ajena— y muy poco con lo que queremos para nuestra propia vida. Y ahí hay una pregunta que vale oro: ¿qué esperás vos, para vos?
No hace falta autoengañarte ni vivir en modo dibujito. Se entrena:
Volver a ilusionarte no significa borrar lo que dolió. La desilusión se llora —eso también es sano— y después, en algún momento, se vuelve a esperar. Como cuando terminás una relación y un día te sorprendés pensando «qué lindo sería…». Eso no es olvidarte de lo vivido: es que la vida sigue queriendo abrirse paso. Y animarte a que te importe algo nuevo es, en el fondo, animarte a que te importe tu vida.
«Ilusionarte no es ser ingenua: es dejar que la vida te toque. La desilusión se llora; la ilusión se practica.»
El viernes sale «Patient Zero» y los fans ya están contando las horas. ¿Y vos? Si sentís que hace años que no esperás nada con ganas, en el consultorio podemos trabajar justamente eso: recuperar el deseo.