Sharenting: no es «amor maternal», es una herida que estás descargando en tu hijo

Dejá de romantizar al hombre que no habla: la salud mental masculina no es un meme
23/06/2026
La pelota no se mancha, la identidad sí: por qué dejamos que 11 jugadores carguen con nuestra alma
23/06/2026

Sharenting: no es «amor maternal», es una herida que estás descargando en tu hijo

Sharenting: no es «amor maternal», es una herida que estás descargando en tu hijo

Hoy en día, apenas nace un bebé, ya tiene perfil en Instagram antes de que le crezcan las uñas. Los padres suben la primera ecografía, el parto en vivo, la primera papilla, el primer berrinche, el primer día de jardín. Todo se muestra. Pero lo que nadie se anima a decir en voz alta es esto: cuando exponés a tu hijo sistemáticamente en redes sin preguntarle, no estás celebrando su vida, estás usando su existencia para llenar un vacío que no sabés cómo llenar solo.

El sharenting —esa práctica de compartir en exceso la vida de los hijos— no es un simple hábito digital. Es un síntoma. Y como toda sintomatología, si no la mirás a los ojos, se te va a enquistar. Te va a robar algo que no vas a recuperar: la intimidad de tu vínculo real con ese ser humano que tenés al lado, no en la pantalla.

¿Qué herida inconsciente te lleva a exponer a tu hijo?

Detrás de cada foto de tu hijo en ropa interior, cada llanto grabado, cada logro académico compartido como si fuera un trofeo tuyo, hay una necesidad que no tiene que ver con tu hijo: tiene que ver con vos. Con tu historia no resuelta. Con ese lugar donde no te sentiste visto, validado, aprobado. Y entonces, como no sabés cómo pedir que te miren a vos, mostrás a tu hijo. Porque al fin y al cabo, la mirada del otro sobre tu hijo es una extensión de vos.

«No es que ames demasiado a tu hijo. Es que no sabés cómo ser amado sin usarlo de excusa».

El niño se vuelve un objeto. Un objeto que genera likes. Un objeto que calma la ansiedad. Un objeto que te hace sentir que existís en los ojos de otros, aunque te estés perdiendo de existir en los ojos de tu propio hijo cuando te necesita presente, no filmando.

El niño como extensión narcisista del adulto

Te propongo un ejercicio incómodo: la próxima vez que subas una historia o un post de tu hijo, preguntate: ¿esto es para él o para mí? ¿Estoy celebrando su momento o estoy buscando que alguien me diga qué buena madre/padre soy?

Cuando el hijo se convierte en extensión narcisista del adulto, su identidad queda secuestrada. Él no es más un ser con derecho a su propia imagen, a su propia intimidad, a su propia historia antes de decidir si quiere contarla. Él es un pedacito tuyo que ponés en vitrina. Y eso, aunque duela decirlo, es una forma de abuso.

No estoy hablando de la foto de cumpleaños con los abuelos. Estoy hablando de esa necesidad compulsiva de documentar cada respiración de tu hijo como si fuera contenido para un reality que ni siquiera pidió protagonizar.

Las tres preguntas que ningún padre sharenting quiere hacerse

  • ¿Qué necesito cuando publico esto? ¿Aprobación? ¿Conexión? ¿Sentirme buena madre porque otros me lo confirman?
  • ¿Le estoy robando a mi hijo el derecho a decidir después cómo quiere ser visto? Porque lo que hoy es «ternura», mañana puede ser un video de su berrinche que lo persigue en la escuela.
  • ¿Hay algo en mí que no sé mirar si no lo convierto en contenido? ¿Puedo estar con mi hijo sin que nadie lo sepa? ¿Puedo gozar de su existencia sin testigos?

Y acá viene la parte que más incomoda: el sharenting no es inocente. No es «amor de madre». Es muchas veces una herida que se hereda en forma de exposición. La herida de no haber sido visto vos, entonces lo exponés a él. La herida de no haber tenido control sobre tu historia, entonces documentás la suya.

La verdadera protección empieza en tu inconsciente

Tu hijo no necesita que lo viralicen. Necesita que lo miren a los ojos. Necesita un adulto que pueda sostener su propia vulnerabilidad sin necesitar que el mundo entero le diga que lo está haciendo bien. Porque si tu autoestima depende de lo que otros piensan de tu maternidad o paternidad, vas a usar a tu hijo como garantía de tu valor.

Yo te invito a que te atrevas a preguntarte: ¿qué pasaría si dejo de publicar por un mes? ¿Qué vacío aparece? ¿Qué ansiedad? ¿Qué parte de mí se siente invisible? Ahí está la herida. Ahí está el trabajo real.

«No vas a sanar a tu hijo exponiéndolo. Vas a sanar cuando puedas mirarte sin usar su imagen como espejo».

Tu hijo no es tu contenido. Es tu espejo.

Si algo de esto te resonó, no es casualidad. El sharenting es una puerta a algo más profundo. Y si te animás a mirar, te prometo que hay otro lado: un vínculo sin pantallas, una maternidad/paternidad más real, más presente, más íntima. Donde el amor no necesita ser validado por likes para existir.

Y si sentís que esto te mueve algo, si te das cuenta de que estás usando a tu hijo para llenar un lugar vacío en vos, entonces no es el momento de cerrar la app. Es el momento de abrir una sesión. De mirar esa herida. Porque no sos mala persona por hacerlo, sos una persona que está repitiendo un patrón sin saberlo. Y eso, se puede cambiar.

Agendá una sesión conmigo y empezá a desarmar eso que la pantalla no puede curar. Porque tu hijo merece que lo mires sin filtros. Y vos también.